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Características generales


Antes de exponer las características generales de la mitología vasca debemos comenzar explicando qué es el mito y qué es la mitología.

La mayoría de los mitos surgen de la necesidad de las personas de dar respuestas a cuestiones trascendentales del ser humano y a distintos sucesos y fenómenos naturales que son incomprensibles para él. El ser humano ha inventado explicaciones fantásticas a esas cuestiones que crean curiosidad e inquietud en su interior. En la época que se crearon estos mitos, el ser humano no conocía el origen de ciertos fenómenos, y los explicó por medio de seres sobrenaturales que poseían poderes extraordinarios. En el origen de los relatos fantásticos de la mitología siempre encontramos sucesos e inquietudes reales. Son explicaciones fantásticas a una realidad que vive el ser humano.

Estas creencias se suman a la memoria colectiva y a la cultura de un pueblo, y surge una manera de entender el mundo, una cosmovisión propia. La suma de estas creencias, leyendas, divinidades y personajes mitológicos es la mitología.

Este pueblo que perdura con una cultura y un idioma propio desde los orígenes de la antigua Europa, anterior a las invasiones indoeuropeas (2000-1500 A.c.), ha ido creando un mundo mitológico con temas indígenas, y otros foráneos que ha adaptado a su idiosincrasia. Pero, podemos afirmar, que la mitología de Vasconia tiene características propias, y se localiza en los territorios donde se habla o se ha hablado el euskera (Navarra, Euskadi, País Vasco Francés).

Estas son, a mi entender, las características de la mitología vasca.


Antigüedad

La mitología vasca tiene sus raíces en la prehistoria. La mitología, en general,  muestra el modo de entender el mundo del ser humano, y la nuestra refleja plenamente la perspectiva del hombre prehistórico.

La mitología vasca tiene un carácter ctónico, y esto tiene su origen en la prehistoria, cuando el hombre habitaba en las cavernas. Desde el Paleolítico el interior de la tierra, las cuevas, han servido de morada, lugar de rituales y de culto, y espacio para enterrar a los difuntos. Por ello, en las creencias de la mitología vasca el interior de la tierra es morada de los espíritus de los difuntos y de la mayoría de los dioses y personajes mitológicos. De hecho, la diosa suprema es la Madre Tierra y su personificación, Mari, vive en su interior, en las cavernas.

Desde el Paleolítico  al Neolítico, antes de las invasiones indoeuropeas, los pueblos que vivan en la vieja Europa adoraban a la Diosa Madre (así lo atestiguan las más de 30.000 estatuillas encontradas). Mari, la figura central del panteón mitológico vasco, es un ejemplo viviente de la Gran Madre, un excepcional nexo con la cosmovisión originaria de los primeros europeos.

A semejanza de todos los pueblos primitivos la mitología vasca tiene un carácter animista. Las plantas, los animales, los rios, las montañas, todos los elementos del entorno natural poseen su vida propia y su alma. Esto lo refleja claramente un antiguo dicho: “Izena duenak, izana du” (todo lo que tiene nombre tiene su ser, existe).

Antes de las invasiones indoeuropeas la sociedad prehistórica Europea tenía un carácter matriarcal. Aunque las relaciones sociales hombre-mujer eran de igualdad, era una sociedad matrifocal: la mujer era capaz de dar vida, era la fuerza elemental de la creación, y las madres actuaban como eje vertebrador de cada grupo humano. Y por todo ello predominaban las divinidades femeninas (Diosa madre). Este aspecto se refleja claramente en la mitología vasca, ya que la mayoría de los dioses del panteón mitológico vasco son femeninos:  Ama-Lurra (Tierra madre), Mari, Eguzki Amandrea (Abuela Sol), Ilargi Amandrea (Abuela Luna). Con la llegada de los indoeuropeos llegó la sociedad patriarcal y los dioses masculinos.

La mitología vasca tiene un carácter pacífico. En las innumerables leyendas de nuestra mitología no encontramos atisbos de batallas, luchas o grandes guerras. Según nos revelan diversos estudios arqueológicos la sociedad Neolítica Europea era pacífica e igualitaria, y este rasgo lo podemos apreciar en nuestra mitología. Las mitologías posteriores, herederas de los pueblos guerreros indoeuropeos, poseen sus dioses de la guerra y sus leyendas sobre combates y luchas.


Carácter ctónico.

La tierra es centro de la cosmología vasca  y ella es la creadora de todo. Ama Lurra ”la Tierra Madre” es la diosa suprema del panteón mitológico vasco y Mari, su personificación,  la jefa de todos los personajes mitológicos. Nos cuentan las leyendas que Eguzki Amandrea (Sol) y Ilargi Amandrea (Luna) son hijas de Ama Lurra y viven en su interior. Todos los días salen de su interior para hacer su itinerario en el firmamento y vuelven al seno de su madre. Los espíritus de los muertos descansan en el interior de la tierra y la mayoría de los personajes mitológicos también viven en ella, en las cavernas. En nuestra mitología incluso los fenómenos meteorológicos surgen del interior de la tierra, de cuevas y simas.

“En el interior de la Tierra existen comarcas inmensas, donde corren ríos de leche; pero son inaccesibles al ser humano, mientras éste viva en la superficie. Con ellas comunican ciertos pozos, simas y cavernas, como el pozo Urbión, las simas de Okina y de Albi y las Cuevas de Amboto, de Muru y de Txindoki. De tales regiones subterráneas proceden ciertos fenómenos atmosféricos, principalmente las nubes tempestuosas y los vientos huracanados. El cielo azul recibe el nombre de Ostri. En él se mueven los astros, los cuales, al ponerse en el Occidente, se introducen en los «mares bermejos» (itxasgorrieta), para seguir su curso a través del mundo subterráneo. Así, el Sol, que durante una parte de su curso alumbra al mundo de la superficie, luce durante la otra debajo de la Tierra. El Sol y la Luna son divinidades femeninas, hijas de la Tierra, a cuyo seno van todos los días después de su recorrido por el Cielo. El día es para los seres humanos que viven en la superficie terrestre. Pero ésta pertenece, durante la noche, a los espíritus y a las almas de los muertos para los cuales alumbra la luna”. J.M. de Barandiaran. Mitología vasca


Preponderancia del carácter femenino

Como hemos mencionado anteriormente, en el universo mitológico vasco  predomina la mujer. A diferencia de la mayoría de las mitologías actuales de los pueblos Europeos en nuestra mitología los dioses principales son femeninos: la diosa suprema la tierra (Ama Lurra) y su personificación Mari, y también el sol (Eguzki Amandrea) y la luna (Ilargi Amandrea). En los rituales mitológicos más importantes, en los akelarres, las sacerdotisas son mujeres, las sorginak (brujas). En las viejas costumbres de la cultura vasca también se ve claramente el papel principal de la mujer: es la responsable de gestionar el baserri (caserío) y en los rituales funerarios es la protagonista y guiadora. También hay que destacar, que a diferencia de las culturas del entorno, la ley de herencia, que ha perdurado hasta hace poco, no daba privilegio al mayorazgo masculino, sino que la primogénita y el primogénito tenían los mismos derechos, y heredaba la casa o baserri con sus terrenos y su ganado en su totalidad.


Carácter pacífico

En las grandes mitologías Clásica y Celta, herederas de la culturas indoeuropeas, nos encontramos con dioses de la guerra y leyendas sobre combates y luchas épicas. Sin embargo, en las innumerables leyendas de nuestra mitología no aparecen atisbos de batallas, luchas o grandes guerras. No hay lucha entre los personajes mitológicos, ni luchas entre personajes y humanos. Hay personajes maléficos que crean miedo en la población, pero casi todos poseen un carácter dual, entre el bien y el mal, creados a semejanza del ser humano.  

Los antiguos dioses vascos son creadores de vida y protectores del ser humano. Un ejemplo es Mari, la Diosa Madre. Es diosa de la justicia y puede ser severa ante la injusticia pero no es ni cruel ni guerrera.


Cercana a los seres humanos

Los dioses y númenes del universo mitológico vasco poseen poderes sobrehumanos que les hace superiores a las personas comunes, pero eso no impide que tengan relaciones entre ellos. Las relaciones entre seres humanos y personajes mitológicos aparece en muchas leyendas vascas. A continuación exponemos unos ejemplos:

Se cuenta en una leyenda, que Mari, la Diosa Madre vasca, jefa de todos los personajes mitológicos se casó con el Señor de Vizcaya y tuvo descendencia. En otra leyenda, Mari acoge en su cueva a una muchacha de Amezketa como sirvienta durante siete años, y a parte de ejercer de maestra de los secretos de la naturaleza, la despide con un regalo de agradecimiento por sus servicios.

Sobre los Jentil, cuentan que jugaban al popular juego de la pelota entre ellos o que jugaban partidas de cartas con los lugareños.

Las Lamias bailan y se divierten con jóvenes pastores, y se enamoran a menudo. En los pueblos de Vasconia hay costumbre de hacer regalos a las Lamias y ellas en agradecimiento realizan diversos trabajos en el caserío. Otras veces, las lamias acuden a las personas para que les ayuden a parir o para que recen cuando van a morir.

Basajaun también aparece muy cercano a las persona en múltiples leyendas. Incluso en algunas leyendas le hacen jugarretas y es engañado por alguna persona. Muchas veces ayuda a los pastores avisandoles con un terrible rugido cuando viene lobo o la tormenta,

protegiendo así los rebaños. En agradecimiento los pastores hacen regalos a Basajaun.

Vemos que las relaciones entre seres mitológicos y seres humanos en muchas ocasiones es de igual a igual: cuando uno ayuda al otro, bien sea numen o persona,  este le agradece mediante regalos; el jugar entre ellos a juegos populares; o los enamoramientos y casamientos.

Por otra parte hay que mencionar que casi todos los seres mitológicos se asemejan al ser humano, porque  en un momento pueden ser buenos y en otro mabados. Esa dualidad que es característica del género humano les hace más cercanos.


Carácter naturalista

Observando los dioses del panteón mitológico vasco nos damos cuenta que adoraban su entorno natural en su  totalidad: la tierra (Ama Lurra), la naturaleza (Mari), el sol (Eguzki Amandrea), la luna (Ilargi Amandrea) y el cielo (Urtzia). Mari, la personificación de Ama Lurra (Tierra Madre), es la que da equilibrio a la naturaleza, crea los fenómenos naturales y simboliza el ciclo de la naturaleza (creación-vida-muerte). Los vascos, como todos los pueblos primitivos, vivían en equilibrio con la naturaleza, se sentían parte de ese todo, y adoraban la naturaleza en su totalidad. Tenían una visión animista de la naturaleza: todos los elementos de la naturaleza, como las personas, tiene su propio ser y su alma.

Por otra parte, personajes mitógicos como Odei o Eate estan relacionados con los fenomenos naturales, y Basajaun es el señor del bosque.

Podemos decir por tanto que la mitología vasca tiene una cosmovisión naturalista.


Transmisión oral

El Pueblo Vasco comenzó a crear y contar leyendas a la luz de la hoguera en la entrada de la caverna que era su morada, y durante miles de años, generación en generación, ha ido creando, transformando y transmitiendo leyendas hasta hace poco, a la luz de la hoguera de su caserío. Los vascos han creado y transmitido un mundo mitológico muy rico, y esa transmisión ha sido oral hasta hace muy poco. Teniendo en cuenta que el primer libro escrito en euskera es del siglo XVI, y que el trabajo de recopilar y escribir este acervo mitológico es mucho más reciente, podemos decir que que la mitología vasca se ha transmitido oralmente desde tiempos inmemoriales.

Debido a esa transmisión oral ha sido susceptible a cambios y transformaciones de los oradores en cada época y lugar. A pesar de todas las influencias y transformaciones ha conservado las raíces de épocas prehistóricas.

Todas estas creencias y leyendas se han transmitido por medio de la lengua de los hablantes de este pueblo, el euskera. Pero desde cuando? Desde que existe este pueblo. Vasconia o Euskal Herria es el pueblo del euskera y no se puede entenderla sin ella.

Lo que se da por hecho, es que desde hace 3.500-3.000 años, en estas tierras se ha hablado el euskera.

Según nos dice JM Barandiaran, atendiendo a las pruebas arqueológicas desde el Paleolítico inferior hasta los albores de la historia, en estas tierras  ha existido una cultura propia ininterrumpidamente, y eso sólo puede suceder si un mismo pueblo o un grupo étnico ha subsistido en esas tierras.

Si un grupo étnico ha subsistido desde esos tiempos sin grandes cambios en su modo de vida y teniendo en cuenta que la lengua es el factor principal de una cultura, es lícito pensar, hasta que se demuestre lo contrario, que desde época Magdaleniense el idioma que ha acompañado a este pueblo es el euskera. Recordemos que en la época Magdaleniense en estas tierras nació una gran cultura, la cultura de las pinturas rupestres, donde el simbolismo llegó a cotas muy altas, ingrediente imprescindible para que surgiese un lenguaje articulado desarrollado. Esta época de símbolos y rituales en cavernas también puede ser el punto de partida de nuestra mitología.

No son pocos los estudiosos que comparten esta opinión sobre el origen del euskera. Aquí citamos algunos:

El antropólogo y miembro de la Real Academia de la Lengua Española Julio Caro Baroja afirmaba que: “El origen de este pueblo es el de su lengua, que muchos suponen que podría remontarse al hombre de Cromañón.”


Para el profesor de la Universidad de Standford Luigi luca Cavalli-Sforza: “La lengua vasca desciende de las lenguas habladas en la primera ocupación de Francia suroccidental y España noroccidental por los hombres de Cro-Magnon . Los grandes artistas de las cuevas de la región hablaban una lengua de la que desciende el moderno euskera.”


El escritor Louis Charpentier afirmaba en su clarividente libro “El misterio vasco” que: “Resultaría difícil afirmar que el euskera actual era hablado ya hace más de 10.000 años, en los tiempos magdalenienses, pero es indudable que, desde aquellos tiempos hasta nuestros días, en la lengua vasca se han conservado vocablos empleados por los magdalenienses de la región pirenaica.”


Felix Zubiaga, investigador y escritor afirma: “Para los lingüistas el euskera es una lengua de origen desconocido, cuando en realidad, el euskera es testigo natural del nacimiento del lenguaje articulado y, por lo tanto, aclara su origen a través de sus monosílabos originales, fuentes primarias del lenguaje.”

Y por su parte el escritor y lingüista Josu Naberan cree que: “Es probable que el euskera sea uno de los focos de origen del lenguaje articulado”