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La Tierra centro del universo mitológico vasco

“En el interior de la Tierra existen comarcas inmensas, donde corren ríos de leche; pero son inaccesibles al ser humano, mientras éste viva en la superficie. Con ellas comunican ciertos pozos, simas y cavernas, como el pozo Urbión, las simas de Okina y de Albi y las Cuevas de Amboto, de Muru y de Txindoki. De tales regiones subterráneas proceden ciertos fenómenos atmosféricos, principalmente las nubes tempestuosas y los vientos huracanados. El cielo azul recibe el nombre de Ostri. En él se mueven los astros, los cuales, al ponerse en el Occidente, se introducen en los «mares bermejos» (itxasgorrieta), para seguir su curso a través del mundo subterráneo. Así, el Sol, que durante una parte de su curso alumbra al mundo de la superficie, luce durante la otra debajo de la Tierra. El Sol y la Luna son divinidades femeninas, hijas de la Tierra, a cuyo seno van todos los días después de su recorrido por el Cielo. El día es para los seres humanos que viven en la superficie terrestre. Pero ésta pertenece, durante la noche, a los espíritus y a las almas de los muertos para los cuales alumbra la luna”. 

J.M. de Barandiaran. Mitología vasca


En las leyendas de Vasconia la Tierra es considerada como un receptáculo inmenso, morada habitual de los difuntos y de la mayor parte de los númenes y de otros personajes míticos. La tierra posee una fuerza vital que es la base del reino vegetal, el cual vigoriza el cuerpo humano mediante alimentos y utilización, a veces, de prácticas mágicas. 
La tierra tiene vida por dentro y por fuera. En el interior existen recorridos laberínticos que nos pueden trasladar de un lugar a otro, corren rios de leche, aguas avismales de las que proceden vientos y tormentas. En el exterior está la creación, con todos los seres de la naturaleza (las plantas, las montañas y ríos, los animales y seres humanos). Fuera están las hijas de la tierra: la luna y el sol. La noche y la luna son la espiritualidad, el ser profundo, y el día y el sol son la fuerza vital superficial.

Al interior de la tierra se entra por simas y cuevas. Las más conocidas son las de Okina, Albi, Anboto, Muru y Txindoki.


La Tierra es el centro y la base de la cosmología vasca. Ama Lurra (Tierra Madre) es la diosa principal y Eguzki Amandrea (el Sol) y Ilargi Amandrea (la Luna)  son hijas de la Tierra. Todos los días salen del interior de la Tierra, y después de recorren su recorrido en el firmamento, vuelven al seno de su madre. Cuando el Sol va a desaparecer por el oeste, en ciertos lugares se despiden con estos dichos:
“Eguzki amandrea badoa bere amagana …” La abuela sol va adonde su madre (Elosua, Plentzia, Arratia)
“Eguzki santu bedeinkatua zoaz zure amagana …” Bendecido santo sol vete adonde tu madre (Gernika)
“Santa Klara badue bere amagana, bihar etorriko da denbora ona bada” Santa Clara va adonde su madre, mañana volverá si hace buen tiempo (Santa Klara eguzkiari deritzote) (Santa Clara = Sol)

Mari es la diosa de la Tierra, personificación de la Tierra y la Naturaleza, y su morada está en el interior de la Tierra. Según cuenta una leyenda de Amezketa, Mari vive durante siete años en la cueva Marizulo en el monte Txindoki, y pasado este tiempo se traslada volando por los cielos en un carruaje de oro a su cueva de Anboto, para morar en ella otros siete años. Mari sale de la Tierra y después de recorrer el cielo vuelve al interior de la Madre-Tierra, haciendo el mismo trayecto que el Sol y la Luna.

La mayoría de los personajes mitológicos viven también dentro de la tierra, en cuevas y simas: Akerbeltz, Basajaun, Lamia, Tartalo, Sugaar, Herensuge, Zezengorri y Etsai. Recordemos también que los Jentiles, personificación de la antigua raza vasca, al ver que terminaba su era se introdujeron bajo tierra desde el dolmen de Arrastaran. El dios extranjero (Jesus) venía anunciando su extinción, y eligieron el interior de la tierra como morada y amparo de sus almas para siempre.
En la mitología de muchos pueblos, y especialmente en la indoeuropea, que es la base de las mitologías de los pueblos colindantes, las tormentas, los truenos, los relámpagos y los vientos tienen su origen en el cielo. En la Mitología de Vasconia sin embargo se originan en el interior de la Tierra, y salen al exterior de simas y cuevas. Una leyenda que atestigua este hecho se la contaron a JM Barandiaran en Onraita (Alava):
"A menudo surge una nube blanca de la cueva de Okina, que al calor de los rayos del sol desaparece. Las nubes  tormentosas que se crean en verano, las que originan las lluvias y los granizos más violentos también salen de esa cueva."


La diosa Mari, diosa principal de la mitología vasca, es la personificación de la tierra, y en numerosas ocasiones se nos presenta creando tormentas y dirigiéndolas a ciertos lugares. Por ejemplo, en la comarca del Goierri, cuentan que Mari lanza las tormentas desde las cuevas de Aketegi y de Murumendi. En la Rioja alavesa dice la tradición que las tormentas surgen de la sima de Urbión. Tales referencias podemos encontrarlas en toda Vasconia.
Como se puede apreciar, estos fenómenos naturales surgen del interior de la tierra, de la mano de Mari, y no los crean los dioses celestes como en otras mitologías de los pueblos que nos rodean.

 
Ciertas expresiones en euskara nos certifican esta peculiaridad de la mitología vasca. Por ejemplo, cuando sale el sol o la luna se dice 'eguzkia atera du' (alguien ha sacado el sol) o 'ilargia atera du' (alguien ha sacado la luna). Alguien los ha sacado, sin duda, ha sido Mari o la Madre tierra, ellas están detrás de estos fenómenos trascendentales de la naturaleza. De nuevo, encontramos indicios de la idiosincrasia terrestre de la mitología de Vasconia.

Como menciona Juan Ignazio Hartsuaga en su libro  EUSKAL MITOLOGIA KONPARATUA: JENTILEN AKABERA, esta tendencia de la mitología vascona se contrapone totalmente a la indoeuropea. La cosmología vasca la componen la tierra, la superficie terrestre y el cielo. En la mitología indoeuropea los principales dioses tienen su morada en el cielo, en la vascona no existe el cielo como morada de los dioses, sino el firmamento como espacio físico por donde se mueven el Sol y la Luna. Pero la verdadera morada de estos dos dioses-astros es el interior de la tierra. 

Los pueblos colindantes a Vasconia conservan la influencia de la mitología que trajeron los indoeuropeos de Asia. Cuando este pueblo poderoso llegó a Europa impuso sus costumbres, su manera de entender la vida y su lengua. El pueblo vascón asimiló parte de la cultura indoeuropea, pero pudo conservar su lengua y su manera de entender el mundo. ¿Cómo lo consiguió? Tal vez por ese gran arraigo a la tierra, a su tierra.