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Rapto de Margarita

Uno de los comunicantes de Vinson le habla de lamias machos o lamiñas secuestradores de bellas mujeres. Se menciona -aunque muy de pasada- sus relaciones con los «moros», entendidos éstos como raza mítica y gigantesca (al estilo de los mairuk). De los lamiñas, tal y como nos los presenta Vinson, no se dice que tengan
alguna deformidad en sus extremidades, aunque es de suponer que sí, debido a que tienen parecidas costumbres que los sátiros y a que sus acompañantes femeninas -las lamias- sí las tienen.

La protagonista de la historia es Margarita, hija de la casa Berterretche, de Cihigue que cuidaba los rebaños en la montaña siguiendo la costumbre de la familia. Un día un lamiña se acercó a ella, y, no teniendo otra cosa mejor que hacer, la secuestró echándola sobre sus espaldas. Al Diversas tradiciones atribuyen tanto a las anochecer, los padres comenzaron a inquietarse al ver que lamias como a sus maridos, los lamiñak, la Margarita no volvía y, al día siguiente, pidiendo ayuda a construcción de dólmenes y otros monumentos sus vecinos, fueron a buscarla, pensando que se habría caído megalíticos, como asimismo hacían los
por algún hoyo. Recorrieron inútilmente todos los alrededores. descendientes del llamado “Pueblo Antiguo”. Cuando ya anochecía, se retiraron con tristeza hacia casa.
De pronto encontraron a un mendigo que venía de Aussurucq hacia Cihiue. Éste les dijo que había visto la víspera, al anochecer, a un lamiña que entraba en su gruta llevando sobre sus espaldas a una joven muchacha que profería fuertes gritos. Entonces la pena de los padres aumentó mucho más. Temiendo que los lamiñas les aplastaran con piedras en caso de acercarse a su gruta, optaron por abandonar con gran dolor a su querida hija.

En esta época había en el barrio hombres salvajes, hermosos, grandes, fuertes y ricos, a los que se conocía con el nombre de «moros», que más tarde fueron aniquilados por Rolando. Todas las semanas, los moros y los lamiñas se reunían alrededor de la campana de Mendi para correr sus juerguecillas.
Ya habían transcurrido cuatro años desde que Margarita Berterretche sufrió tan ignominioso secuestro, encerrada en la gruta de los lamiñas; le alimentaban con pan blanco que ellos mismos hacían. Durante su estancia, los lamiñas no perdieron el tiempo y la joven había concebido a un hijo que ya tenía tres años de edad.
Un buen día, en que todos los lamiñas habían ido a divertirse con sus amiguetes los moros, ella se había quedado sola en la gruta en compañía de su hijo, al que dijo:
-«¡Estáte en silencio!, ¡en silencio!, ¡enseguida vengo!», y se escapó corriendo. Cuando llegó a su casa, sus padres apenas podían creer que fuera su hija. La abrazaron, lloraron, rieron y prepararon una gran cena en su honor. Sin embargo, su madre no ocultaba negros presagios y no tardó en entristecerse, diciendo a los
comensales:
-«Los lamiñas vendrán seguramente a buscada; es necesario esconderla para que ellos no fa puedan encontrar.»
De inmediato se cavó un gran hoyo en el establo, bajo el pesebre, para que ella pudiera respirar y recibir la comida. Apenas Margarita se había metido en el escondrijo, cuando un grupo de lamiñas llegó a Berterretche en su busca. Se les dijo que ella no' estaba allí y se les invitó a buscarla si querían. Revisaron toda la casa y rápidamente se dieron por vencidos. La abandonaron sin más explicaciones.
Margarita estuvo en el escondite -por si acaso- durante tres días y tres noches; pero su padres, temiendo que algún mal pudiera llegarle por culpa de los lamiñas, decidieron enviarla lejos de allí: a París. Los lamiñas, que no las tenían todas consigo, volvieron, en efecto, a los pocos días, pero hicieron el viaje en balde, pues, por el momento, Margarita estaba en Tardets.

Gnomos: Guía de los seres mágicos de España (1996). Jesús Callejo Cabo
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