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TARTALO 'cícople'



OTROS NOMBRES: ANXO, TORTO

Con este nombre es conocido un cíclope o genio maligno con un solo ojo en la frente, cuyo quehacer principal es el pastoreo. Este terrorífico personaje secuestra a los jóvenes del pueblo y se los come, es antropófago. Por lo que en muchos lugares de Vasconia se siente verdadero pavor hacia él.

Este tipo de cíclope es muy corriente en la tradición mitológica. Lo podemos encontrar en la mitología clásica grecorromana. En la mitologia griega, 'Tartaro' un lugar muy profundo del inframundo, similar al infierno cristiano. El dios Urano encerró a los ciclopes (Brontes, Estéropes y Arges) en el Tartaron. Y Tántalo era un hijo de Zeus y la oceánide Pluto. Se convirtió en uno de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del Inframundo, reservada al castigo de los malvados.
Seguramente la mitología vasca lo asimilo  de los romanos, adaptandolo, y transformando un lugar terrible en un genio terrible.
En la mitologia de Cantabria y de Castilla tambien aparece un un cíclope llamado Ojancano.

Cuenta una leyenda que dos hermanos fueron un día a cazar al monte y se les echó encima una terrible tormenta. Con la intención de protegerse, se resguardaron en una cabaña de enormes dimensiones que encontraron cerca. Al poco rato, llegó también un rebaño de ovejas con el pastor, un hombre corpulento con un solo ojo en la frente, Tartalo. Nada más entrar, cerró la puerta con una gran piedra y en seguida se percató de la presencia de los jóvenes. Entonces el cíclope les dijo: "primero, para cenar, me comeré al mayor y mañana al joven". Dicho y hecho, atravesó al mayor con el asador, lo asó en la hoguera y se lo comió. Después del atracón se tendió en el suelo y se quedó profundamente dormido. Al ver esto, el joven, llamado Antimuño, cogió el asador, lo caldeó al fuego, y se lo clavó a Tartalo en el ojo. Se levantó éste aullando de dolor y con el asador clavado en el ojo, e intentó atrapar a Antimuño, pero estaba ciego y no pudo encontrarlo entre las ovejas. A la mañana siguiente, apartó la piedra de la puerta y empezó a sacar a las ovejas de una en una, haciéndoles pasar por debajo de sus piernas. El joven, se puso una piel de oveja que encontró sobre la espalda, y a cuatro patas, salió por debajo de las piernas del cíclope mezclándose con las demás ovejas. Tartalo se dio cuenta de que había salido el joven y siguiendo el sonido de los pasos del huido fue detrás de él. Antimuño, en la huida, se lanzó a un pozo profundo y nadó con todas sus fuerzas. Tartalo se lanzó detrás de él, pero como no sabía nadar se ahogó en la profundidad del pozo.



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